Hay algo profundamente humano en lo que está pasando ahora mismo ahí arriba.
Como dice Jorge Drexler: somos una especie en movimiento, que nunca se queda quieta. Desde que salimos de África hace decenas de miles de años, cruzamos mares sin mapas, subimos montañas sin razón práctica aparente y nos adentramos en desiertos que nadie había atravesado. No lo hacemos solo por recursos o supervivencia. Hay algo más en nuestra biología y en nuestra cultura profunda que nos empuja hacia el horizonte siguiente. Artemis II es, en el fondo, la misma historia de siempre: cuatro personas yendo más lejos de donde nadie ha llegado antes.
Esa tripulación no es homogénea, nunca lo hemos sido, la evolución requiere diversidad: una mujer, un hombre negro, un canadiense y un comandante; llevan el peso simbólico de representar una generación nueva de exploradores. Así son los grandes proyectos de la humanidad —los que realmente importan— no pueden ser patrimonio de unos pocos. La exploración espacial, si ha de tener sentido a largo plazo, tiene que ser una empresa colectiva y diversa, o no será sostenible.
El Robot de Platón (Aldo Bartra) hace cobertura en vivo, en español, del sobrevuelo lunar de Artemis II.
Transmisión oficial de la NASA del sobrevuelo lunar de Artemis II.
Hoy es el día central de la misión. Alrededor del mediodía hora de Costa Rica, la tripulación superará el récord de distancia humana establecido por el Apolo 13, y comenzará una ventana de observación de unas siete horas en la que fotografiarán y estudiarán directamente la superficie lunar. Hay zonas que verán que ningún ser humano ha visto antes a simple vista.
La NASA les envió una lista de 30 objetivos. Entre los más importantes están la cuenca Orientale —casi 965 km de diámetro, uno de los cráteres de impacto mejor conservados del Sistema Solar— y la cuenca Hertzsprung, en la cara oculta, mucho más erosionada. Compararlos es como leer dos capítulos distintos de la misma historia geológica. También estudiarán los cráteres Ohm y Pierazzo, formaciones más pequeñas pero con detalles que las sondas automáticas no logran capturar con la misma riqueza que el ojo humano entrenado.
Al final del sobrevuelo presenciarán algo incomparable: un eclipse solar visto desde el espacio. El Sol se ocultará detrás de la Luna, lo que les permitirá observar la corona solar, buscar destellos de impactos de meteoroides en la superficie, y fotografiar planetas —Mercurio, Venus, Marte, Saturno— visibles en ese momento único.
Y habrá unos 40 minutos en que la nave quedará completamente incomunicada con la Tierra mientras cruza la cara oculta. Primera vez que eso le ocurre a una tripulación humana desde el Apolo 17, en 1972.
Somos una especie migrante. Siempre lo hemos sido. Y esto es solo el siguiente paso.