Hegemonía en transición, periferias sin voz y el sujeto excluido:
Wallerstein, Arrighi y Dussel ante Trump y Xi
Para Wallerstein, el sistema-mundo capitalista solo funciona fluidamente cuando hay un hegemon claro. En periodos de disputa entre potencias centrales, el sistema es inherentemente inestable. La cumbre Trump–Xi puede leerse desde esta perspectiva como el intento de ambas potencias de gestionar la transición hegemónica sin destruir el sistema que les da su posición. Pero hay una contradicción estructural: China no puede convertirse en hegemon del sistema-mundo capitalista siguiendo el modelo de los anteriores (holandés, británico, estadounidense) porque: (a) el sistema ya no tiene «nuevas tierras» que incorporar para resolver las contradicciones; (b) el diferencial entre el tamaño de la economía china y su gasto social interno crea tensiones que un hegemon clásico no podía sostener; (c) la capacidad militar y financiera de EE.UU. sigue siendo superior en los atributos que definieron las hegemonías anteriores.
Wallerstein postuló que desde los años 1970 el sistema-mundo capitalista está en una «edad de transición» que dará lugar a un sistema-mundo futuro cuya configuración no puede determinarse de antemano. Esta transición implica bifurcaciones sistémicas de gran escala: el orden puede reorganizarse en direcciones radicalmente distintas según qué actores logren acumular suficiente poder para dar forma al nuevo sistema. La cumbre de Beijing es un episodio de esta transición, no su resolución. El «marco de estabilidad estratégica» acordado por Trump y Xi puede interpretarse como el intento de los dos principales candidatos al centro de gestionar la transición en términos que los beneficien a ambos — en detrimento de los demás actores del sistema.
La asimetría del TLC Costa Rica–China (importaciones USD 4.546 millones vs. exportaciones USD 634 millones, déficit 7:1) no es una anomalía ni un fallo de la política comercial costarricense. Es el mecanismo wallersteineano de transferencia de excedente de la periferia al centro en operación: Costa Rica vende materias primas y bienes de nicho, importa manufactura de alto volumen. El déficit comercial es la forma que toma, en la balanza de pagos costarricense, la extracción de valor por parte del sistema-mundo. El hecho de que el centro extractor sea ahora China en lugar del Atlántico Norte no cambia la estructura del mecanismo.
Arrighi identificó cuatro ciclos sistémicos de acumulación en los últimos 600 años: genovés-ibérico, holandés, británico y estadounidense. Cada ciclo pasa por una fase de expansión material (producción, comercio) seguida de una fase de expansión financiera. Cuando el hegemon ya no puede competir en producción, migra al capital financiero como última fuente de ganancias. La expansión financiera es simultáneamente la cima del poder hegemónico y la señal de su agotamiento: el capital se convierte en «capital en fuga» que busca rendimientos en mercados globales porque ya no puede generarlos domésticamente.
La composición de la delegación de Trump en Beijing —Tim Cook, Jensen Huang, Jane Fraser (Citigroup), Elon Musk— es exactamente esto: capital financiero y tecnológico-financiero buscando rendimientos en el mercado chino porque las restricciones domésticas y la saturación de los mercados occidentales los limitan. EE.UU. está en la fase de expansión financiera de su ciclo hegemónico. Esto no significa su colapso inmediato —el ciclo británico duró décadas en su fase financiera— pero sí señala la dirección estructural.
Arrighi concluyó *El Largo Siglo XX* señalando que la crisis de la hegemonía estadounidense abría el escenario de una China-led East Asia como potencial nuevo centro del sistema. En *Adam Smith en Pekín* (2007) desarrolló esta hipótesis. Sin embargo, investigaciones posteriores han señalado su limitación central: Arrighi no desarrolló una teoría de la política, el Estado y la agencia colectiva en la transición. No explicó cómo la China del Partido Comunista podría ejercer la hegemonía de un sistema capitalista sin adoptar plenamente la lógica del capital financiero global — una tensión que la propia China experimenta en su política monetaria y sus controles de capital. La cumbre de Beijing revela precisamente esta tensión: China quiere acceso a chips y mercados occidentales pero no quiere que su sistema financiero se integre plenamente al orden liderado por EE.UU.
Hay una posibilidad que Arrighi contempló pero no desarrolló completamente: que ninguna potencia individual pueda asumir la hegemonía del próximo ciclo porque el sistema ha alcanzado límites estructurales que impiden una nueva ronda de expansión. En ese caso, el resultado no es una transición ordenada sino un prolongado caos hegemónico: competencia entre múltiples potencias sin que ninguna logre la hegemonía estabilizadora. La Cumbre de Beijing puede ser leída como el intento de EE.UU. y China de acordar las reglas del caos —de gestionarlo bilateralmente antes de que se vuelva incontrolable— más que como el inicio de un nuevo ciclo ordenado.
Desde la perspectiva de Sistemas-Mundo, la OMC y las instituciones multilaterales son instrumentos creados y sostenidos por el hegemon para regular el sistema en sus términos. Cuando la hegemonía se debilita o se disputa, esas instituciones pierden su función estabilizadora: el hegemon ya no tiene incentivos para sostenerlas porque ya no puede garantizar que operen a su favor. La retirada de EE.UU. de 66 foros multilaterales (2026) y el posicionamiento chino de «multilateralismo selectivo» son las dos caras del mismo proceso wallersteineano: la institución multilateral sobrevive solo si alguna gran potencia decide sostenerla, y esa decisión es siempre estratégica, no principista.
El Stimson Center advirtió que el G2 implícito que emerge de la cumbre podría «marginalizar a los estados más pequeños, reducir su agencia para influir en los resultados regionales, reforzar esferas de influencia y debilitar las normas multilaterales». En términos de Sistemas-Mundo: los estados periféricos perdieron el escudo parcial que les ofrecía el multilateralismo cuando era funcional para el hegemon. Sin ese escudo, quedan expuestos directamente a la lógica de poder bilateral del centro.
(1) Bilateral estabilizado: EE.UU. y China gestionan el sistema como G2 de facto; las instituciones multilaterales se convierten en foros de legitimación ex post. Periferias pierden agencia pero ganan estabilidad relativa. (2) Multilateralismo fragmentado: bloques normativos diferenciados (occidental, sino-centrado, Sur Global) compiten sin un marco común. Riesgo de «bifurcación del sistema-mundo» en subsistemas incompatibles. (3) Caos hegemónico prolongado: ninguna de las dos potencias logra la hegemonía estabilizadora; el sistema global entra en un periodo de volatilidad estructural similar al descrito por Wallerstein para las transiciones inter-hegemónicas del siglo XVII y del período de entreguerras del siglo XX.
Desde Wallerstein, América Latina ocupa la periferia del sistema-mundo capitalista desde el siglo XVI. La inserción en el sistema-mundo como exportadora de plata, azúcar, cobre, soja y banano no fue una elección de política económica sino el resultado de la imposición de posiciones en la división internacional del trabajo. Lo que cambia en el siglo XXI no es la posición periférica sino el actor que extrae el excedente: antes era el Atlántico Norte; ahora también China. El comercio China–Latinoamérica reproduciendo el patrón periferia-exportadora-de-materias-primas/importadora-de-manufactura no es accidental: es el funcionamiento normal del sistema-mundo con un nuevo actor central.
América Latina enfrenta una «doble dependencia» sin precedente histórico: de EE.UU. para manufactura de alto valor, IED y seguridad; de China para infraestructura, importaciones masivas y financiamiento alternativo. Esta doble dependencia no otorga poder de negociación (lo que algunos teóricos llaman «pivoting»): otorga vulnerabilidad doble, porque ambos polos presionan a los gobiernos latinoamericanos a alinear sus políticas tecnológicas, comerciales y de seguridad, bajo amenaza de consecuencias de uno u otro lado.
Brasil y México, como semiperiferias regionales, tienen un margen de maniobra que los estados centroamericanos y caribeños no tienen. Brasil puede negociar directamente con Beijing y con Washington en función de sus intereses agropecuarios (soja) e industriales. México, integrado al TLCAN/T-MEC, tiene una lógica diferente: su dependencia de EE.UU. es tan profunda que la cumbre Trump–Xi afecta directamente su situación (tensiones EE.UU.–México sobre inversión china en manufactura para el mercado estadounidense). Para Centroamérica y el Caribe, la posición es de periferia profunda: sin instrumentos de negociación propios frente a ninguno de los dos polos.
Para Dussel, la Modernidad —en su versión atlántica (EE.UU., Europa) y en su versión sino-asiática emergente— se construye siempre mediante la negación de la «exterioridad»: el Otro que no es reconocido como sujeto sino como objeto del sistema. El «indio sacrificado, el negro esclavizado, la mujer oprimida, el niño y la cultura popular alienadas» no son efectos secundarios de la Modernidad; son su condición de posibilidad. La acumulación originaria que hizo posible la Revolución Industrial se fundó en la extracción colonial de América Latina. El capitalismo tardío que hizo posible el «milagro económico» de China se fundó parcialmente en la explotación de su propia periferia interna (provincias rurales, migrantes internos) y de las periferias del Sur Global.
Ninguna de las dos potencias en Beijing representa al «Otro» dusseliano. EE.UU. llega con una delegación de USD 16 billones en capitalización de mercado — el capital del centro en su forma más concentrada. China llega con un proyecto de «rejuvenecimiento nacional» que, desde Dussel, es la afirmación de la civilización china dentro de la lógica de la Modernidad — no su superación. «China First» de Xi y «America First» de Trump son dos proyectos de afirmación de la Totalidad del sistema, no de apertura a la Exterioridad.
«La modernidad solo puede afirmarse a sí misma mediante una operación de negación de los hombres no europeos y de sus culturas.» — Enrique Dussel, *Filosofías del Sur: Descolonización y Transmodernidad*, Akal, 2016
La Trans-Modernidad dusseliana no es un programa político inmediato sino un horizonte normativo: la afirmación de que los pueblos del Sur Global — con sus propias racionalidades, éticas y cosmologías — tienen algo que aportar a un proyecto civilizatorio que supere las contradicciones de ambas Modernidades. Aplicado al contexto de la cumbre Trump–Xi: América Latina y Costa Rica no deberían limitarse a «elegir el polo menos malo» ni a «maximizar los beneficios de la ambigüedad estratégica». Deberían articular su propia propuesta de orden global: uno basado en la soberanía real sobre los recursos naturales, la multipolaridad con normas multilaterales robustas, y el rechazo de la bilateralización de la gobernanza global que marginaliza a los estados periféricos.
Wallerstein pregunta: ¿cuál es tu posición en el sistema y qué mecanismos te mantienen ahí? Arrighi pregunta: ¿en qué fase del ciclo hegemónico estás y qué trayectoria te corresponde? Dussel pregunta algo diferente y más incómodo: ¿qué voces, qué experiencias, qué conocimientos han sido negados para que este sistema pueda funcionar? Y: ¿desde dónde puede articularse una respuesta que no sea simplemente la reproducción del sistema con otros actores en el centro? Para Costa Rica y América Latina, esta pregunta no es académica. Es la pregunta sobre si la nueva administración Fernández reproducirá el patrón de la periferia que espera ser incorporada al centro — o si articulará una visión propia del orden que quiere contribuir a construir.
Declaración de honestidad metodológica (protocolo ADD): el proyecto Trans-Moderno de Dussel tiene en este análisis estatus de [C] — conjetura normativa — en términos del MEEE-G. No porque sea falso como proyecto ético, sino porque no existen actualmente en América Latina los actores, las coaliciones ni las condiciones institucionales que permitan proyectarlo como política exterior coordinada. Lo que el análisis dusseliano aporta no es una predicción empírica sino un criterio normativo desde el que evaluar las opciones disponibles: ¿qué opción refuerza la agencia del Sur? ¿Qué opción la reproduce como dependencia?
Costa Rica no encaja perfectamente en ninguna categoría wallersteineana clásica. Es una periferia en la estructura de sus exportaciones agropecuarias (piña, banano, carne: bienes primarios de bajo valor añadido) pero tiene elementos de semiperiferia en su sector de dispositivos médicos y servicios de alto valor. Esta ambigüedad no es fortaleza estratégica: es la forma que toma la «periferia de alta apertura» — un nodo que ha internacionalizado profundamente su economía sin haber alcanzado la acumulación de capital tecnológico propio que le permitiría negociar como semiperiferia. El riesgo específico: su alta apertura la hace más expuesta a las perturbaciones del sistema bilateral que una economía más cerrada.
La «estabilidad estratégica» se sostiene. Tregua comercial extendida, Ormuz parcialmente abierto, Xi visita EE.UU. en otoño. En Sistemas-Mundo: el G2 gestiona la transición ordenadamente. Para Costa Rica: menor presión de alineamiento, posible reducción en precios de energía, continuidad del marco comercial bilateral. Requiere que Taiwán no cruce el umbral.
Acuerdos de Beijing resultan ser retórica. Controles de chips escalan; China reactiva restricciones de tierra rara. Caos hegemónico moderado (Arrighi). Para Costa Rica: volatilidad energética sostenida, presión de alineamiento continua, competencia agrícola chino-estadounidense en terceros mercados. Escenario más probable según la dinámica actual.
Aprobación de armas a Taiwán o maniobras militares chinas cruzan el umbral que Xi definió. Caos hegemónico intenso (Arrighi: transición sin sucesor). Para Costa Rica: ruptura de cadenas de suministro, perturbación severa del sector exportador, presión extrema de alineamiento diplomático. Baja probabilidad a corto plazo; creciente si el parámetro «armas a Taiwán» no se gestiona.
América Latina articula una posición propia ante el G2 implícito: demanda multilateralismo real, soberanía tecnológica, y rechaza la bilateralización de la gobernanza global. Costa Rica lidera simbólicamente desde su capital ambiental, democrático y de neutralidad. No es un escenario empíricamente probable en el corto plazo — es el horizonte normativo dusseliano que permite evaluar qué tan lejos están los escenarios A-C del principio de autonomía del Sur.
| Dimensión | Diagnóstico Wallerstein | Diagnóstico Arrighi | Diagnóstico Dussel | Impacto Costa Rica |
|---|---|---|---|---|
| Posición EE.UU. | Hegemonía declinante, centro disputado | Fase de expansión financiera; señal de agotamiento del ciclo | Modernidad atlántica que niega la exterioridad del Sur | IED y exportaciones de valor siguen dependiendo de EE.UU. |
| Posición China | Semiperiferia ascendente; no hegemon consolidado | Potencial nuevo centro; contradicciones internas lo limitan | «Modernización socialista» que reproduce la negación del Otro desde el Este | Segundo socio, pero con déficit estructural 7:1 |
| América Latina | Periferia en doble dependencia; sin voz en la mesa | Ciclo desfavorable: exporta materias primas en la fase ascendente del ciclo chino | Exterioridad doblemente negada por las dos Modernidades | Centroamérica como periferia profunda; Brasil/México con mayor margen |
| Multilateralismo | Instrumento del hegemon; pierde función al debilitarse la hegemonía | Las instituciones son las «reglas del juego» de cada ciclo; se renegocian en las transiciones | El Sur Global necesita un multilateralismo real, no el instrumental del centro | Costa Rica debe defender activamente la OMC y el marco multilateral como escudo de los pequeños |
| Ormuz / Energía | Conflicto geopolítico que revela los límites de la hegemonía estadounidense | Señal de caos hegemónico; ni EE.UU. ni China pueden resolver el conflicto unilateralmente | La periferia importadora de energía paga el costo del conflicto entre centros | Cada USD 10 de reducción en el barril alivia el presupuesto de RECOPE y la inflación doméstica |
Marco teórico, jerarquía de análisis y clasificación epistémica MEEE-G. Material de consulta para quienes deseen profundizar en los fundamentos del análisis.
El boletín anterior aplicó correctamente el ADD y el MEEE-G al evento inmediato de la cumbre Trump–Xi. Identificó regímenes dinámicos, flujos disipativos y colonización del mundo de vida. Sin embargo, describía la posición de América Latina y Costa Rica como «nodo periférico acoplado» sin explicar el mecanismo histórico-estructural que produce y reproduce esa posición. ¿Por qué América Latina llega a esta coyuntura como periférica? ¿Por qué el TLC de Costa Rica con China resulta en un déficit comercial de 7:1? ¿Por qué ninguna de las dos potencias negociantes representa los intereses de la región? La respuesta requiere una escala temporal que el ADD, en su versión procesual de corto y mediano plazo, no cubre por sí sola.
La Teoría de Sistemas-Mundo (Wallerstein, 1974–2004) aporta la descripción de las condiciones estructurales que configuran las posiciones de partida del análisis. La tríada centro–semiperiferia–periferia no es geografía sino posición en la división internacional del trabajo, acceso diferencial al valor añadido y mecanismos de transferencia de excedente. Aplicada como «descripción del estado inicial» en el protocolo ADD, Sistemas-Mundo permite responder por qué las perturbaciones del sistema bilateral EE.UU.–China afectan asimétricamente a los diferentes actores del sistema global.
Giovanni Arrighi (*El largo siglo XX*, 1994; *Adam Smith en Pekín*, 2007) desarrolla los ciclos sistémicos de acumulación: cada ciclo hegemónico pasa por una fase de expansión material (producción y comercio) seguida de una fase de expansión financiera que señala su agotamiento. El tránsito entre ciclos es un periodo de caos sistémico. Arrighi anticipó con notable precisión el ascenso de China como potencial nuevo centro. Su trabajo permite preguntarse: ¿la cumbre Trump–Xi es un momento de estabilización dentro del ciclo estadounidense declinante, o es un nodo en la transición hacia un nuevo ciclo de acumulación? Y crucialmente: ¿puede China liderar ese nuevo ciclo, o el sistema entra en un periodo de caos hegemónico sin sucesor claro?
Enrique Dussel (*Filosofía de la Liberación*, 1977; *Ética de la Liberación*, 1998; *Filosofías del Sur*, 2016) aporta la dimensión que ni Wallerstein ni el ADD cubre completamente: la perspectiva ética y política del sujeto excluido. Para Dussel, la Modernidad —tanto la occidental-liberal como la «modernización socialista» china— se constituye mediante la negación de la «exterioridad»: el Otro que no es reconocido como sujeto del sistema. América Latina no es simplemente «periferia» en sentido wallersteineano; es el espacio donde la Modernidad se fundó mediante la conquista, la esclavitud y la negación sistemática de la alteridad. La Trans-Modernidad dusseliana no es nostalgia premoderna ni rechazo total de la Modernidad; es la afirmación de que los pueblos del Sur pueden contribuir a un proyecto civilizatorio que supera a ambas Modernidades —la atlántica y la sino-asiática— desde sus propias experiencias negadas.
Los tres marcos son compatibles con el ADD sin alterar su jerarquía ontológica. Sistemas-Mundo y Arrighi operan como descriptores de condiciones estructurales en la escala mega del devenir escalar. Dussel opera en los niveles comunicativo-institucional y normativo-plural, aportando la dimensión ética que la ADD reconoce pero no desarrolla explícitamente. Ninguno reemplaza el nivel ontológico-disipativo: ver sección II para la jerarquía completa.
La pregunta es metodológicamente decisiva y la respuesta es inequívoca: el nivel ontológico-disipativo (Prigogine + Maturana + Landauer) continúa siendo la base jerárquica de la arquitectura ADD. La razón es de principio: cualquier sistema —incluyendo el sistema-mundo capitalista de Wallerstein, los ciclos de acumulación de Arrighi y la Trans-Modernidad de Dussel— requiere procesos disipativos para sostenerse. La reproducción del sistema-mundo tiene un costo energético-material real. La hegemonía se sostiene mediante flujos disipativos: el hegemon importa materias primas y exporta manufactura de alto valor añadido, una operación de apropiación diferencial de gradientes energéticos con consecuencias termodinámicas reales, no solo económicas metafóricas.
La respuesta a la pregunta original es, pues: el nivel ontológico-disipativo no solo sigue primando — resulta enriquecido por la incorporación de Wallerstein y Arrighi, que permiten trazar con mayor precisión cómo los flujos disipativos se distribuyen históricamente en el sistema-mundo. Dussel no compite con el nivel L1; opera en L5 y aporta lo que ningún otro nivel cubre: la demanda ética de reconocimiento del sujeto excluido como condición de legitimidad de cualquier análisis que se pretenda crítico.
| Afirmación | Código | Fundamento | Incertidumbre |
|---|---|---|---|
| Trump visitó Beijing 14–15 mayo 2026; se firmaron acuerdos de protocolo | DC | Cobertura directa múltiples medios; comunicados de ambas cancillerías | Nulo |
| 200 Boeing acordados (por debajo de los 500 proyectados) | DC | Trump lo declaró; caída de acciones Boeing del 4% es evidencia corroborante | Mínimo |
| «Estabilidad estratégica» como marco de tres años | IP | Confirmado en readout chino; no desacreditado por EE.UU.; analistas CSIS/CFR lo validan | Moderado — sin contenido operativo publicado |
| EE.UU. se encuentra en fase de expansión financiera de su ciclo hegemónico (Arrighi) | Int | Composición corporativa de la delegación; deficits comerciales crónicos; dominio financiero sobre manufacturero. Marco analítico de largo plazo con sustento histórico-comparado sólido | Moderado — el debate académico sobre la cronología del ciclo es activo |
| El déficit comercial Costa Rica–China (7:1) es manifestación del mecanismo wallersteineano de transferencia de excedente | Int | Datos PROCOMER 2024 verificados; patrón consistente con la tríada centro-periferia. La interpretación causal wallersteineana es compatible pero no la única explicación | Moderado — hay explicaciones alternativas (barreras logísticas, asimetría de protocolos) |
| China presionará a Irán para abrir Ormuz de manera efectiva | H | Promesa verbal sin mecanismo; incentivos mixtos para China | Alto |
| América Latina puede articular una posición Trans-Moderna autónoma ante el G2 (Dussel) | C | Proyecto normativo sin referente empírico actual; requeriría una coordinación regional que los datos actuales no muestran | Muy alto — horizonte normativo, no descriptivo |
| La cumbre representa el inicio de un nuevo ciclo sistémico de acumulación chino (Arrighi optimista) | C | China tiene contradicciones internas (mercado doméstico, control de capitales) que bloquean la lógica del hegemon clásico; el propio Arrighi fue cauteloso al respecto | Especulativo |