Cuando la máquina reemplaza: ¿nos reparten o nos callan?
Tres economistas hicieron las cuentas de una pregunta incómoda. Su respuesta merece explicarse bien antes de creérsela.
Conversación en audio que acompaña este análisis: ¿impuestos o tridentes ante la automatización?
Abrir el audio en Google Drive ↗Este boletín lo hago primero para mí. Me topé con un documento de trabajo publicado en junio por tres economistas —uno de ellos, Daron Acemoglu, ganador del Nobel de Economía en 2024— y no pude dejar de darle vueltas. Lo leí completo, las setenta y siete páginas, y lo que sigue es el resultado de haberlo puesto a prueba en lugar de simplemente contarlo.
Digo esto porque el título del artículo es de los que se comparten sin leer: Automatización y represión. Y la conclusión, dicha rápido, suena a profecía: cuando las máquinas dejen sin trabajo a la mayoría, a quienes tienen el capital les va a salir más barato reprimir que repartir.
Es una frase potente. Y es exactamente el tipo de frase que hay que revisar despacio.
Todo lo que digo va con su símbolo. Si algo no lo lleva, es porque estoy explicando, no afirmando.
La pregunta no la hicieron los académicos
Lo primero que sorprende del artículo es de dónde arranca. No de una discusión universitaria, sino de lo que vienen diciendo en voz alta los propios dueños del negocio tecnológico.
Nick Hanauer, un inversionista estadounidense, resumió su pronóstico en una imagen: tridentes. La turba con antorchas. Una carta abierta al foro de Davos de 2025, firmada por cien millonarios, planteó la disyuntiva sin rodeos: impuestos o tridentes. ✅
Otros dijeron lo contrario. Mo Gawdat, exdirectivo de una gran tecnológica, describió el futuro como un mundo con mucho control, mucha vigilancia y mucho cumplimiento forzado. Alex Karp, fundador de Palantir —la empresa de software de inteligencia y vigilancia—, habló de una revolución en la que algunos van a perder la cabeza y de la que su empresa espera salir ganando. ✅
Los autores hacen notar algo con humor: estos empresarios están redescubriendo, sin saberlo, lo que Karl Marx escribió en 1867 sobre los obreros que se rebelan contra la máquina.
El artículo existe para decidir cuál de las dos salidas —repartir o reprimir— escogería alguien que solo hiciera cuentas.
Qué es exactamente lo que hicieron
Aquí está la parte que casi nunca se explica y que cambia todo.
Lo que construyeron es un modelo. Una maqueta. Se fijan unas pocas piezas, se les asignan reglas claras, y se deduce matemáticamente qué pasa cuando se mueven. No es un estudio de datos. No hay estadísticas de ningún país. No hay predicción sobre el mundo real. ✅
La maqueta tiene cuatro piezas:
El trabajo se puede partir en tareas. Cada tarea la puede hacer una persona o una máquina. Automatizar significa pasar una tarea del lado de las personas al lado de las máquinas. Mientras más tareas se pasan, menos de lo que produce el país termina en salarios y más termina en ganancias.
La gente se puede rebelar, pero necesita coordinarse. Una revuelta triunfa solo si participa suficiente gente. El problema es que nadie sabe qué van a hacer los demás. Y aquí aparece el resorte del modelo: mientras mejor sea el salario, menos conviene arriesgarse. El salario es lo que la gente pone en juego. Si ya casi no hay salario que perder, el cálculo cambia.
Cada empresa automatiza sin mirar el problema de todas. Una empresa que automatiza gana; y al mismo tiempo empuja un poquito el riesgo político que después soportan todos los dueños de capital, incluida ella. Como nadie paga por ese empujón, todos empujan. El resultado es que el mercado, dejado solo, automatiza más de lo que a los propios capitalistas les convendría como grupo.
Y hay un Estado que actúa en interés de esos capitalistas. Los autores lo llaman, sin eufemismos, un Estado capitalista. Tiene tres herramientas: poner límites a cuánto se automatiza, repartir mediante impuestos, o reprimir la protesta.
El hallazgo: una cuestión de facturas
Todo el argumento descansa en una diferencia entre dos facturas.
Reprimir cuesta más o menos lo mismo siempre. Hay que montar y sostener un aparato de seguridad: instalarlo es caro, mantenerlo también, pero el costo no crece mucho porque haya más máquinas.
Repartir cuesta cada vez más. Mientras más se automatiza, menos gana la gente por trabajar, más grande es el malestar, y más plata hay que transferir para calmarlo. La factura sube con cada máquina nueva.
De esa diferencia sale el hallazgo que los autores presentan como novedoso: automatización y represión se ayudan mutuamente. Más automatización vuelve más atractiva la represión, porque evita la factura creciente de la compensación. Y la represión, a su vez, libera para automatizar todavía más, porque ya no hay que cuidar el nivel de los salarios. ✅ (confirmado como resultado matemático del modelo, no como hecho del mundo)
Y como automatizar rinde más mientras más capital acumulado hay, se sigue algo incómodo: mientras más rico es el sistema, más se inclina hacia la represión.
Al ponerle tiempo a la maqueta, el desenlace se ordena en tres caminos: si la amenaza de revuelta es muy débil, se reparte siempre; si es intermedia, se empieza repartiendo y en algún momento se cambia a reprimir; si es fuerte, se reprime desde el principio. Los autores lo escriben sin adornos: los tridentes serán recibidos con armas.
Hay una última pieza, la más citada. Si el punto de partida es una democracia, llega un momento en que los impuestos democráticos se vuelven inaceptables para los dueños del capital, y estos apoyan un golpe.
Por qué todavía no hay que creérselo
Y aquí viene mi parte del trabajo, que es donde creo que está el valor de este boletín.
El artículo demuestra que si se cumplen sus supuestos, entonces el sistema termina en represión. No demuestra que los supuestos se cumplan. Confundir esas dos cosas convierte un ejercicio de clarificación en una profecía. ✅
Además: es un documento de trabajo que no pasó por revisión de pares. El propio organismo que lo publica lo advierte en la portada. Circula para discusión. ✅


Cuatro supuestos hacen todo el trabajo pesado, y conviene mirarlos de frente.
El primero: un Estado que actúa como junta directiva de los ricos. Es una simplificación deliberada, y los autores la declaran. Pero borra de un plumazo que los Estados reales tienen intereses propios, fracciones de capital peleadas entre sí, y márgenes de autonomía. Los tres existen en cualquier país que uno estudie de cerca.
El segundo, y es el más frágil: que reprimir tenga costo fijo. Todo el hallazgo cuelga de ahí. Pero reprimir también tiene costos que crecen: pérdida de legitimidad, gente que se va del país, riesgo de que las propias fuerzas de seguridad se quiebren, sanciones de afuera. Si esos costos suben tanto como sube la factura de repartir, la diferencia se achica y el resultado se debilita. 🤔
El tercero: que la revuelta expropie el capital para siempre. Eso maximiza el miedo del capitalista, y por lo tanto sus ganas de reprimir. Las revueltas de la historia real casi siempre terminaron en resultados parciales y negociados, que en esta maqueta ni siquiera existen como posibilidad.
El cuarto: trabajadores sin ninguna organización. En el modelo cada persona decide sola. No hay sindicato, ni partido, ni iglesia, ni junta comunal, ni chat de WhatsApp. Es un requisito técnico para que las matemáticas funcionen, pero borra justamente el mecanismo por el cual la acción colectiva ha funcionado siempre.
Lo que al modelo le falta: la tercera opción
Este es, para mí, el punto más importante de todo el análisis.
El modelo ofrece dos salidas: pagar o reprimir. Pero hay una tercera, más barata que ambas, y la maqueta no tiene casilla para ella: lograr que la gente acepte lo que le pasa.
Que el desplazamiento se viva como algo inevitable, o como una falla propia por no haberse actualizado a tiempo. El trabajador que cree que perdió el empleo porque no aprendió lo suficiente no necesita ser compensado ni reprimido. Ya se explicó a sí mismo su propia pérdida.
Esta idea la estoy desarrollando aparte, en un texto de trabajo más técnico, porque creo que es la falla más seria del artículo. Acá va en su versión corta.
Esta tercera opción tiene una estructura de costos distinta: instalarla es barato, sostenerla casi no cuesta, pero se rompe cuando pasa algo que quiebra la naturalidad del asunto. Y permite un desenlace que el modelo no puede producir: mucha automatización, poco reparto, poca represión visible, y bastante calma. 🤔
Hay un detalle que refuerza esta sospecha. En todo el debate público sobre automatización se discute cuánto compensar y cómo adaptarse. Casi nunca se discute quién decide qué se automatiza. Esa opción sencillamente no está sobre la mesa.
Ahora bien, con honestidad: que falte la discusión no prueba nada por sí solo. Puede faltar porque el tema es técnicamente difícil, porque a los medios no les conviene, o porque las decisiones se toman en oficinas de otro país donde la gente afectada no vota. Ninguna de esas explicaciones necesita que haya nadie convenciendo a nadie. 🤔
Lo que sí sería una señal no es que la deliberación falte. Es que quienes la proponen sean tratados como si su propuesta fuera ilegítima o ridícula. Guarde esa idea. Vuelve en la sección 8.
Un mundo, no un país
El modelo tiene una limitación: supone una economía cerrada. Los dueños del capital, los trabajadores y el Estado viven todos en el mismo lugar. Así no funciona el mundo desde hace por lo menos quinientos años.
En el mundo real hay una tercera salida que la maqueta no ve: mudarse. Si automatizar en un país sale políticamente caro, el capital se va a otro donde el problema ya esté resuelto por condiciones laborales débiles, informalidad, o Estados que ponen el orden sin cobrárselo a la inversión.
Esto no desmiente el argumento. Lo reparte por el mapa: la automatización se concentra en unos países y el costo de contener el descontento se traslada a otros. 🤔
Y esto, que parece un reparo, en realidad es lo más útil que salió del análisis, porque convierte una teoría en algo que se puede comprobar. La prueba más limpia sería comparar los sectores que no se pueden mudar —infraestructura, minería, servicios de cercanía— contra los que sí. En los primeros, donde el capital está clavado al territorio y no tiene a dónde irse, la tesis original debería recuperar toda su fuerza. Hasta donde revisé, esa comparación no se ha hecho, y se podría hacer con datos públicos.
Costa Rica: el caso que ya ocurrió
Costa Rica encaja mal en el modelo, y en el modo exacto en que falla está lo interesante.
El modelo supone que quien decide automatizar, quien pierde el empleo y quien administra las consecuencias están en el mismo país. Acá no. Buena parte del capital que decide automatizar es extranjero y decide afuera. El despido ocurre aquí. Y el Estado costarricense no representa a ese capital, pero sí administra lo que su decisión deja.
Los números que encontré:
- El régimen de zona franca generó unos 197.000 empleos directos en 2024, y alrededor de 200.000 en registros recientes. Seis de cada diez, en servicios. ✅
- Durante 2025 las empresas de servicios en zona franca redujeron unos 2.000 puestos. ✅
- Estimaciones internacionales calculan que entre 38 % y 52 % de las ocupaciones del país están expuestas a transformación por inteligencia artificial. 💭 (son cálculos de afuera aplicados al país, no una medición nacional)
- La desigualdad medida por el coeficiente de Gini bajó a 0,492. ✅
Pero el dato que me parece más significativo es otro.
El régimen de zonas francas ya tiene la herramienta que el modelo llama "regular la automatización". Las empresas se comprometen a mantener un mínimo de empleados, y el Gobierno puede quitarles el régimen si incumplen.
En 2025 y 2026, la empresa Align Technology pidió bajar ese compromiso de 4.992 a 2.500 trabajadores, alegando expresamente que la inteligencia artificial y la automatización habían subido su productividad. Procomer recomendó acceder. El Poder Ejecutivo lo autorizó. ✅
No hay conspiración acá. Es una decisión administrativa, con criterio técnico documentado, en un régimen que compite por inversión contra medio mundo. Pero conviene ver lo que es: el Estado tenía la palanca y la usó para acomodarse, no para poner límites. Que un país cuya ventaja competitiva fue durante décadas el empleo calificado en servicios baje su piso de empleo cuando la automatización aprieta, es el dato más significativo del expediente costarricense. 🤔
Alguien podría concluir de acá que Costa Rica pasó de ser un Estado de bienestar a ser un Estado que cuida al capital externo por encima de su propia gente. La hipótesis es seria y merece trabajarse. Pero un episodio no es un régimen: para afirmarlo haría falta la serie de diez años de estos acuerdos, y ese registro público no existe. 🤔
El "Estado capitalista" del artículo representa a sus capitalistas, los que lo eligen y dependen de él. Un país que cuida condiciones para un capital que no es suyo, que no lo vota y que se puede ir mañana, no está en esa posición: está en una más débil. No es la junta directiva de nadie. Es el administrador de un atractivo. Y quien no representa al capital tampoco tiene con qué negociar frente a él. 🤔
Sobre la palabra "represión": lo que sí verificamos
Acá hay que tener la cabeza fría, porque es donde más fácil se resbala.
La represión de la que habla el artículo es una cosa muy específica: impedir que los trabajadores se organicen políticamente. El refuerzo policial costarricense —más plazas, videovigilancia, inteligencia criminal— responde a un aumento documentado del crimen organizado. Son cosas distintas y mezclarlas es un error, no una valentía. ✅
Dicho eso, verifiqué tres hechos de 2026 que circulan como indicios de una deriva preocupante. Los tres son ciertos:
Tropas. El 4 de setiembre, en entrevista con Reuters, la presidenta Laura Fernández dijo que operaciones terrestres estadounidenses "le harían muy bien a la seguridad nacional" si van contra el crimen y el narcotráfico transnacionales, y confirmó que hubo una conversación con Washington meses atrás. ✅ Lo que no se sigue: que viole la Constitución. Ella misma remitió el asunto a la Asamblea Legislativa, y el artículo 121 inciso 5 le da al Congreso exactamente esa potestad. Dijo que no hay gestión concreta en marcha.
Rangos militares. El expediente 25.676, presentado en julio, devuelve a la Fuerza Pública los nombres coronel, teniente coronel, mayor, capitán, sargento, cabo y raso —todos con el añadido "de policía"—, que existieron hasta el año 2000. ✅ Lo que no se sigue: que militarice la policía. El proyecto no cambia funciones, competencias ni naturaleza civil. Los especialistas consultados en prensa coinciden en que el efecto es simbólico.
"Comunistas". En mayo, la presidenta llamó "comunistas" y "vagabundos" al PLN y al Frente Amplio por oponerse a la ley eléctrica, y dijo que ojalá desaparecieran. En julio atribuyó las críticas a "medios y gente enemiga del Gobierno". ✅ Lo que no se sigue: que haya persecución. No hay medidas administrativas ni penales derivadas de esas declaraciones.
Ahora, lo importante. Ninguno de los tres es represión en el sentido del artículo. Ninguno aumenta la capacidad de impedir que alguien se organice.
Devolver nombres de resonancia militar sin cambiar una sola función es trabajar sobre el prestigio de un cuerpo, no sobre su poder. Llamar comunismo a toda oposición es trabajar sobre las categorías con que la gente clasifica el desacuerdo. Y hablar con naturalidad de tropas extranjeras corre el límite de lo pensable en el país que se define por haber abolido el ejército.
Y acá vuelve lo que le pedí que guardara. La señal no era que falte la deliberación, sino que quienes la ejercen sean tratados como ilegítimos. Fíjese en qué provocó lo de mayo: no un tema de seguridad ni de moral pública, sino la oposición a una reforma del mercado eléctrico. Es decir, la herramienta simbólica se activó en una pelea por plata y por quién controla un servicio. Que es exactamente el terreno donde el modelo esperaba ver reparto o represión. 🤔
Hay dos elementos más que no suelen mencionarse y que pesan: el partido de gobierno tiene 31 de 57 diputados, la primera mayoría de un solo partido desde 1990, lo que debilita el contrapeso legislativo ✅; y Reuters reportó en febrero que el mandato incluía promesas de reformas constitucionales y de suspensión de libertades civiles para combatir el crimen 🤔. Este último es el único de todos que sí toca directamente lo que el artículo llama represión.
Entonces, ¿hay una deriva autoritaria?
Hay que partir la pregunta en dos, porque se suelen decir juntas dos cosas de peso muy distinto.
Que existe un conjunto de elementos que abarata el uso futuro de herramientas simbólicas y coercitivas —mayoría sin contrapeso, deslegitimación del que opina distinto, más capacidad de seguridad, apertura a tropas extranjeras, promesas de suspender garantías—: eso lo sostengo como hipótesis de trabajo. Los elementos están verificados y convergen. 🤔
Que ese conjunto busque o produzca un Estado autoritario: eso sigue siendo posible pero no demostrado. Falta lo decisivo —que se usen herramientas coercitivas contra el desacuerdo, que se restrinja legalmente la protesta, que se meta mano en el Tribunal Supremo de Elecciones o en el Poder Judicial—. Nada de eso está documentado hoy. 💭
Y una advertencia sobre uno mismo, que vale para mí y para quien lea: tres hechos escogidos porque encajan forman una serie que parece tendencia aunque no lo sea. Por eso registro también lo que va en contra: el proyecto eléctrico fue frenado en la Asamblea, el Tribunal Supremo de Elecciones operó sin incidentes, y la propia presidenta remitió lo de las tropas al trámite legislativo. Un cuadro que solo admite confirmaciones no es un diagnóstico. Es una historia que uno se cuenta.
Qué mirar de aquí en adelante
Señales concretas que permitirían distinguir entre las lecturas posibles:
Que se use inteligencia criminal o legislación contra el delito en contextos de protesta laboral, sindical o comunal.
Que avancen figuras penales aplicables a la acción colectiva, o restricciones al derecho de huelga más allá de los servicios esenciales.
Que la promesa de suspender garantías se tramite de verdad.
Que el proyecto de rangos venga acompañado de cambios en armamento, funciones o cadena de mando —eso lo convertiría en un asunto de poder y no de nombres—.
Que ingresen tropas extranjeras sin el trámite del artículo 121, o que haya presiones documentadas para saltárselo.
Y del lado económico: que aparezcan condiciones reales —no declarativas— en los próximos acuerdos de reducción de empleo en zona franca.
Lo que no sé
- Si reprimir cuesta tan poco como el modelo supone. Sin eso medido, el hallazgo central se queda en hipótesis.
- Cuánto de los 2.000 puestos perdidos en servicios se debe a automatización y cuánto a que el mundo compró menos. Las fuentes atribuyen a ambas cosas sin separarlas, y prefiero decirlo antes que elegir la explicación que me acomoda.
- Si el caso Align es aislado o el primero de una serie. No hay registro público que permita saberlo. Es la pregunta que le haría a Procomer.
- A partir de qué punto la automatización deja sin base contributiva a la Caja. No existe una estimación pública.
Un apunte final. Lo que más me quedó dando vueltas no es la conclusión del artículo, sino su punto ciego. Sus dos herramientas —pagar o reprimir— tienen algo en común: en ninguna de las dos la gente afectada participa en la decisión. Se le transfiere plata o se le aplica fuerza, pero no se le pregunta. Que eso no aparezca en la maqueta dice algo del modelo. Que tampoco aparezca en la conversación pública real dice algo de nosotros.
Este análisis no es predicción ni recomendación política. Toda conclusión es revisable ante nueva evidencia. El documento analizado no ha pasado revisión de pares.